Como ya habíamos prometido vamos a tratar en lo que a partir de ahora denominaremos cuadernos de relojería, a la famosa saga familiar de los Lombardero y sobre todo en Juan Antonio Fernández Lombardero (1705 – 1796).
La familia Lombardero procedía de Vizcaya y se establecieron en Santalla de Oscos en los últimos años del siglo XVI o principios del XVII; venían en pos de las industrias del hierro, en las que eran expertos y eligieron este lugar, poblado ya por entonces de herrerías para la fabricación de toda clase de utensilios. Parece que, a su vez, sus ancestros habían sido lombardos, de donde les viene el apellido. Con mucho trabajo e inteligencia, fué creciendo su importancia en la región; emparentaron con las mejores casas de oscos y de sus contornos, su hacienda creció con rapidez. A principios del siglo XVII entroncaron con familias gallegas de casas fronterizas: los López de Castro, los Díaz Villabrille, Castrillon y Navia, de Asturias, y los Cancio Teixiro, de Villarpescozo, de la que se hicieron mayorazgos sus descendientes.
Según consta en su partida bautismal en la que textualmente dice, e
En él, como ya queda dicho, se unen una casa gallega con otra asturiana. La de los Lombardero, activa e industrial, y la de su madre, de artistas por vocación, que culminan en un tío del relojero que pasa a la historia como grabador expertísimo.
Una infancia de juegos y de juguetes mecánicos es probable que haya sido la de Lombardero, su inquieta imaginación debió de empezar bien pronto a buscar aplicaciones en aquellas facilidades que le brindaba el medio de hacer elementos del hierro y metales para sus juguetes.
Pasados los años enfrascado en hacer maquinarias y acaso en aficiones astronómicas, comprendió Lombardero que sus gustos tenían entonces una salida de alta utilidad para el país. Entraban a la sazón por los puertos de Ribadeo, Vivero, Luarca, Puerto de Vega etc., Los relojes de Inglaterra que, con su fina calidad y hermosa factura, prestigiaban los nombres de Adams, John Taylor, Ellicott, etc. Los unos para lucir su estructura al aire y los otros guardados en hermosas cajas de laca o de ebanistería con aplicaciones doradas, que señalaban el grave tiempo de las gentes de entonces.
Como luego a su primo, el marqués de Sargadelos, en materia de fundición y cerámica, España le debe a Lombardero uno de los mas bellos intentos en relojería para emanciparnos de la continua importación. Él preparo hornos para la fundición de metales, creó utensilios de laminación y ajuste, y sobre las viejas fraguas y los mazos de esas región, hoy tan olvidada y entonces emporio, sopló un viento de creación a impulso de Lombardero.

Lombardero hizo más de doscientos relojes. La mayor parte de ellos hermosísimos, nobles, seguros, eternos. En su mayoría de antesala casi todos, de distinto adorno, no habiendo uno igual a otro.
Los Lombardero, cubren casi cien años de producción relojera en la zona. Se formaron en su taller varios oficiales ajenos a la familia, quienes fueron cubriendo de relojes una amplia comarca que va desde Allande (Oviedo) a Ladrido (Coruña), incluyendo a Mondoñedo, Foz, Samos; Vivero… casi un centenar de relojes gallegos y asturianos. Prueban hoy la expansión que alcanzó en el noroeste la industria del reloj en la segunda mitad del siglo XVIII. Justamente cuando en Madrid la corona había de financiar la creación y el sostenimiento de una escuela de relojería para fomentar la profesión en España.
Creación esta que trasladada a nuestro momento actual, sería altamente conveniente dada la falta de profesionalidad que nos rodea y el abandono de nuestro patrimonio relojero. Hecho que en los países de nuestro entorno no sucede.
Muere Juan Antonio Fernández Lombardero en 1796 a la edad de 91 años.


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